Reality

Cuando llegó al lugar de la cita no había nadie esperándola. La puerta estaba abierta. Por un instante dudó, quiso dar media vuelta pero ya lo había retrasado demasiado tiempo, así que respiró hondo y la cruzó.

La estancia era diáfana, con ventanas abiertas invitando al sol a verter allí su luz y calor. Y encima de la mesa, un libro de visitas.

No se hizo esperar demasiado. Cuando al fin llegó Ella, lo hizo sigilosamente pero con paso firme. Se acomodó en su sillón y la invitó a desnudarse y mostrarle todo lo que llevaba consigo.

A pesar de lo embarazoso de la situación no se sintió incómoda, sólo un poco cohibida al principio. Tampoco le dolió demasiado, al menos no tanto como esperaba.

Ya se lo habían advertido, Ella es implacable y sus métodos, poco delicados, muy eficaces aunque no siempre gratificantes.

Cuando salió, liberada al fin, en la habitación solo quedó La Verdad sentada en su sillón esperando la siguiente visita.

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