Sometimes…

Publicado: octubre 23, 2015 en Uncategorized

En ocasiones me planteo hacer un trueque y dar todo lo que poseo en esta vida, que no es tanto, por lograr hablar tu idioma aunque fuese una sola vez y que por fin pudiéramos entendernos. Después me sereno un poco y me percato de que si no te comprendo es porque ni siquiera tu mismo lo haces, que el problema es tuyo y no mio, que no tengo porque entristecerme por no poder entender a alguien incomprensible. Entonces lo veo, de golpe, como un rayo de luz veloz que me golpea las sinapsis: me gusta intentar entenderte. Vuelvo a querer entenderte. Incluso diremos que lo necesito.

Pero… ¿Y si resulta que ya te entiendo? ¿Dónde está el problema?

Se me nubla la cabeza. Necesito un café. Tal vez dos. No, una cerveza mejor.

Tal vez querer profundizar tanto en la psicología humana no es más que otra de esas tontas maneras mortales de perder el tiempo. Puede ser que entenderte no vaya mucho más allá de saber qué te gusta, qué anhelas, cómo tratarte o saber cómo cubrir tus necesidades, esas que tu no quieres que sean cubiertas.

¿Y si no es menester que nos adivinemos los pensamientos ni que sepamos curarnos las heridas? ¿Y si es todo mucho más sencillo?

Son complicadas las relaciones humanas… Y si ya es difícil ponerse de acuerdo con uno mismo, no quiero ni pensar lo que costará llegar a consenso entre dos personas.

Parece fácil cuando todo va bien. Pero en cuanto aparecen los problemas…

En fin. La vida me va enseñando poco a poco que todo aquello en lo que pienso demasiado acaba saliendo mal de una u otra manera. Pero, ¿Cómo hago para no pensar en algo? No pensar en absoluto en algo también es nocivo. Y es peor aun cuando intentar evitar pensar en algo en concreto. Entonces es cuando más lo piensas. En algo, o en alguien.

Debería ser más fácil. Creo que sí. Va a ser eso. Que te quiero. O algo así. Tendremos que conformarnos con eso.

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Publicado: junio 12, 2015 en Uncategorized

La suave brisa matinal se colaba liviana por la ventana y le susurraba al oído. Le hablaba de libertad, de horizontes infinitos, vuelos sin miedo y sueños sin límite. Le convencía de desligarse, de romper cadenas que coartaban movimientos, de ataduras invisibles que romper.

Suspiraba por empezar a andar, alejarse de la opresión de las obligaciones impuestas. Emanaba de su piel esa energía contenida de no dejarse ser por miedo a reproches y a la incomprensión, por el temor de verse señalada y aún más diferenciada. Por esa duda inmortal de no encontrar nunca a alguien que supiera y quisiera ver todo lo que era.

Sí, soñaba con esa libertad de la que tanto había oído hablar y de la que tanto presumían otros entes. De no tener que responder a compromisos ajenos y propios, de olvidarse de razonar y equilibrar cada decisión que debía tomar, cada elección que quería tener. No justificarse y pensar el porqué de cada deliberación y cada laudo.

Pero nadie le había hablado de todo lo que conlleva implícito esa libertad. Nadie le recitó del desapego, de la soledad, de esa sensación de no pertenecer a ningún sitio ni tener ningún lugar al que regresar cuando caía la tormenta y necesitaba sentirse acogida.

No le contaron que la libertad también significa saber que no tiene ninguna plaza en la que librar sus batallas porque está por encima de todas esas nimiedades mundanas. No le avisaron del frío que iba a embargar su pecho cada instante en el que la ilusión se viera aplastada por esa realidad tan compleja y a la vez tan simple por la que había optado. No le explicaron que tantas necesidades y derechos que tenía se iban a ver desplazados muy lejos.

Y cuando empezó a ser libre, se dio cuenta de que no era tan sencillo. Que los anhelos que nos adjudicamos, no siempre traen consigo todas las consecuencias que queremos…

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Obstáculos

Publicado: mayo 4, 2015 en Uncategorized

Hoy, mientras me adentraba por esas escaleras a mi consulta habitual de rehabilitación me he quedado parada apenas un segundo pues uno de los muchos cuadros que cuelgan y otean la miríada de visitas que cruzan ese pasillo ha llamado de manera muy insistente mi atención.

Era un cuadro en tonos fríos, azules, negros y grises. Poco definidas las figuras, mínimo había 6, simplemente siluetas que destacaban sobre el fondo. Las más pequeñas, lejanas, más difusas. Creo que eran tres y observaban lo que viene siendo el punto de atención central de la obra. Una pareja, sin muchos rasgos, pero dotadas de un calor que eliminaba por completo la falta de personalidad de ambos. Cada uno llevaba su senda marcada frente a sus pies y en el centro se veían sus manos agarradas, mostrando una fuerza y una sensación que casi me ha causado hasta ahogo.

En ese instante me he detenido a descubrir detalles y me he dado cuenta que a poca distancia de esas manos entrelazadas se alzaba una columna, como marmórea y totalmente insalvable.

La desazón me ha hecho sonreír tristemente un instante. Pobres desgraciados. Para solventar ese problema no tienen muchas opciones. Es más, para mí y mi raciocinio no hay más que dos.

Uno de ellos debe abandonar su camino para pasar al camino del otro y así, probablemente, acabar en una meta, un lugar o una situación que no quiere. Sacrificar sus sueños y avatares por acompañar a ese otro ser que no anhela abandonar. Vivir otros instantes, sufrir otras decepciones y andar otros kilómetros que igual no desea ni necesita. Y, desde luego, en el momento en el que toma esa decisión asumir todas las consecuencias que pueda acarrear.

O bien, si la cobardía o el egoísmo prima por encima, deberán soltarse.

Soltar esas manos que hacían emanar de ese cuadro una calidez increíble para lo frío y deshumanizado que parecía en un primer instante. Soltarse de la persona a la que quieren para seguir su camino y que el otro también pueda seguirlo. Adoptar una posición sumisa y realista ante la pena y el dolor y perder por un instante, o para siempre, al ser amado.

Entonces una voz ha dicho mi nombre, ha hecho desaparecer todas mis elucubraciones y me ha traído de vuelta al mundo real. Intentaré sacarle una instantánea, por si algún día todas esas conclusiones pueden hacerme falta…

 

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Another stair

Publicado: marzo 18, 2015 en Uncategorized

Hacía unos cuantos días que no conseguía este estado de sosiego. Será el día, las horas, el acompañamiento musical, la sensibilidad a flor de piel, todas esas pequeñas cosas que me satisfacen…

Tal vez, no lo sé.

Lo cierto es que me estaba concediendo hace unos instantes incluso el lujo de pensar. Pensar en el sentido más profundo de la palabra. No esos pensamientos mecánicos que fluyen a lo largo del día respecto a obligaciones y sucesos cotidianos (o no tanto). Pensar respecto a este sentimiento de calma que me embriaga ahora mismo y al camino, largo y duro aunque haya sido a tientas y escondidas, que he tenido que obligarme a recorrer en ocasiones. En otras me han empujado, ¿por qué no reconocerlo? He tenido la fortuna de que haya gente que me conoce , me quiere y ha sabido darme una buena patada en el culo o cogerme de la mano para enfilarme por la senda que probablemente necesitaba. Como bien debatía un día con una de mis serendipias particulares, el mérito y las decisiones finales son siempre mías. Pero no siempre he sabido que dirección escoger o he estado tan bloqueada que no veía más allá del maldito muro con el que me daba cabezazos presa de la desesperación. El trabajo de campo es personal pero hay ayudas externas nada desdeñables que si bien no facilitan el camino probablemente si que lo acorten. Mi agradecimiento a aquellos que supieron empujarme o cogerme de la mano. Incluso a los que no supieron hacerlo bien pero lo intentaron solo porque pensaron que era lo mejor para mí.

Considero que siguen faltando cosas en mi vida. Creo que hay metas que aun tardaré en alcanzar y no estoy ni de lejos en el punto en el que me gustaría estar. Siempre anhelamos lo óptimo pero a veces es imposible. Pienso que aun tengo mucho trabajo y mucho camino hasta encontrar lo que nos gusta denominar como “mi sitio”. Probablemente parte del problema sea que no tengo claro que quiero. Pero sí sé con certeza que es lo que no quiero. Y con esa parte he avanzado mucho. Hasta hace poco podría decirse que no sabía nada. Sé que no será sencillo. Si somos sinceros, casi nada lo es cuando van pasando los años.

Pero llegan momentos como este y aunque aun estoy lejos de la plenitud que quisiera sentir, me siento tranquila. Poco debo, poco exijo y nada espero. Las tormentas ya no me asustan ni me atenazan el pecho. Los truenos no me cortan la respiración y los problemas no me quitan el sueño. Mi cuerpo ya no va por delante de mi cabeza, mi cabeza ya no puede correr más que los pensamientos, mis pensamientos no pueden anticiparse a la vida. No me importa la velocidad del tiempo, ni la oscuridad de la noche. No tiemblo arropada por las frías sábanas, no lloro cuando me abraza por la espalda el silencio. Ya no intento ahuyentar a la soledad a cualquier precio ni busco engañar a mi [sub]consciente.

Me limito a ser, a estar, a vivir, a disfrutar de lo que pueda y a intentar sufrir lo menos posible cuando toca. Intento acostarme y levantarme con este sosiego y esa sonrisa serena que pocas cosas y personas logran ya que se tambalee. Hay quien se permitió un día la licencia de  decirme que era una persona fría y distante. Tampoco creo que sea cierto. No del todo, al menos. Creo que sí hay una parte de mí, más fría, mas cabal, menos dispuesta a dejarse llevar por esa locura juvenil y pasional, por esos impulsos de auto-re-afirmación personal. Ya no necesito demostrar[me] nada a nadie.

Hemos subido otro escalón…

Seguimos leyendo…

Another stair

 

Walking to the sun

Publicado: marzo 11, 2015 en Uncategorized

El sol vespertino roza sus mejillas arreboladas por la fría brisa que comienza a despertar. Camina firme, con los ojos apenas cegados por ese ultimo rayo de luz tornasolado, de un naranja apagado que pasa rápidamente a un brillante añil tiñendo todo el cielo en apenas segundos.

Falta la luz y parece despertar en su cuerpo esa seguridad que no le acompaña durante el día. Cómo si escondiéndose tras la oscuridad pudiera dejar de ser y no ser todo lo que se oculta tras ese muro infranqueable. No duda cuando tantea con los pies las piedras del camino ni se tropieza con los socavones de la senda. Camina con tanta precaución y al mismo tiempo tanta confianza que parece como si bailase evitando obstáculos que estaban ahí para hacerle caer.

No se suelta de esa ráfaga de luz de luna que ilumina sus ojos zarcos, aun más brillantes por las lágrimas que nunca brotaron que por esa noche extrañamente clara. La sonrisa que tiene tatuada en los labios ya no muestra ese cansancio que deja exangües la mente y el corazón con solo mirarla. Emana una calma que no es capaz de apresar en su pecho, que no consigue asir para no perder. Evoca anhelos perdidos, inciertos, indignos… anhelos falaces, desorbitados, imposibles.

Descubrió el secreto que nunca le permitió ser libre y que ahora le otorga todas esas nubes efímeras para explorar.
Se percató de la realidad más cruenta, más necesaria, más sincera…

Consiguió seguir, parando apenas unos minutos para respirar, llenar su pecho y su cabeza con las certezas que nunca quiso creerse y caminar con un rumbo. Tal vez no era el más necesitado pero tiene por seguro que es el único al que conseguirá llegar.

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“A menudo encontramos nuestro destino por los caminos que tomamos para evitarlo.” Jean de La Fontaine.

 

Under your sky

Publicado: febrero 19, 2015 en Uncategorized

Noches estrelladas, con mil ojos titilantes. Al mismo tiempo tan hermoso y tan frío el espectáculo que otean mis ojos. Cómo si los astros se burlasen de mí y escupieran a mis botas brillantes de el lustre que me molesto en sacarles cada mañana.

Prometí nunca más dejarme embargar por la añoranza y la pena de lo que nunca fue. Pero hay segundos espirados por tu cuerpo que ojalá se me antojaran horas, incluso días. Suspiros fugaces y silenciosos que no podría percibir sino fuera porque conozco a la perfección cada movimiento insigne de tu cuerpo. Podría dibujar a mano alzada tu figura llena de misterio en el cielo oscuro de esta noche aun más oscura.

Quisiera acortar esos putos centímetros que asemejan kilómetros entre tu piel y la mía. Cómo si fuera posible de nuevo estar tan cercanos que tus límites se desdibujasen con los míos, que tus dedos se fundieran en cada frugal caricia con el ente exangüe en el que decidí convertirme en el mismo instante en que me juré que nunca más volvería a amar, ni siquiera al reflejo invisible que en ocasiones tiene a bien devolverme el espejo.

Parece mentira cómo el sosiego me abandona cuando intuyo desde lejos la respiración de tus dudas y evitamos perdernos en la profundidad de esa mirada que nunca más queremos volver a cruzar. Resulta increíble pensar que en esa intimidad que nunca más nos dejaremos compartir, sobran palabras que no alcanzan a representar apenas el instante en que mis pulmones se contraen sintiendo, aunque sea desde muy lejos, tus manos ansiadas sin anhelo que las mueva.

Qué más da…

Las estrellas brillan, asesinas de esperanzas, congelando el interior de mi pecho. Recalcando los deseos que nunca dejaron de ser fugaces luces en el rincón más oscuro, segundos aun no varados en la locura de no ver aparecer esos ojos nunca más en el horizonte de mi sino.

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Del egoísmo y el altruismo

Publicado: enero 29, 2015 en Uncategorized

EL EGOÍSMO: CARACTERÍSTICA INHERENTE A LA ESPECIE HUMANA

Comenzaré dando la definición que recoge la RAE sobre el término “Egoísmo”:

egoísmo.
(Del lat. ego, yo, e -ismo).
1. m. Inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás.
2. m. Acto sugerido por esta condición personal.


Atendiendo a la acepción recogida en la Real Academia Española, podríamos considerar que esta condición no es exclusiva del ser humano y que se presenta en las demás especies animales. Todo el reino animal sin excepción presenta esta característica desde el momento en que se le dota del instinto de supervivencia. Este instinto hace que el individuo actúe como ser individual en los momentos en que su vida está en peligro, desatendiendo de esta manera la circunstancia de cualquier otro sujeto. El Hombre no se libra de este instinto de supervivencia pese a que en la época actual parece quedar más enmascarado.

Cómo se ha dicho, la condición egoísta se da en todas las especies animales al estar éstas dotadas del instinto de supervivencia. Pero en el ser humano esta condición se hace más ostensible cuando dicha característica es llevada al ámbito social. Los grupos humanos se basan es dos grandes aspectos, los sociales y los económicos. Normalmente es en el aspecto económico en el que esta abyecta condición se aprecia notablemente. En la actualidad el sistema económico que rige la globalidad mundial es el llamado “ sistema capitalista”. Este sistema presenta sus pros y sus contras. Es liberal al ofrecer libertad de actuación con ciertos márgenes preestablecidos de antemano pero crea desigualdades sociales. Existen otros sistemas económicos que facilitan el reparto de la riqueza y en consecuencia la supresión de desigualdades en la sociedad pero sin embargo no dan libertad de mercado como en el anterior.

El sistema capitalista ofrece , como hemos dicho, libertad para actuar con nuestro dinero y con el dinero de otros, como es el caso de lo bancos. Como se trata de un sistema establecido por convención humana, esto es, por legislación legal consensuada por quienes nos dirigen, no podríamos hablar de incursión en delito al hacer uso de este sistema económico. Pero es un sistema que socialmente fomenta que el humano presente su condición egoísta. Por tanto es un sistema que deja a relucir la verdadera condición del ser humano y que bajo la máscara de la acomodación natural dicha condición puede llegar a no percibirse lo suficiente, pero está fuertemente presente.

Cualquier tipo de acción humana por altruista que esta parezca no deja de ser motivada por la abyecta condición egoísta. La mismísima madre Teresa de Calcuta buscaba satisfacer sus creencias y valores religiosos, porque eso le hacía sentirse bien consigo misma. Así por ejemplo, el acto de dar una moneda a un indigente no es más que una acción motivada por el ánimo de sentirnos bien, porque no dándole esa moneda nos sentiríamos mal y ante todo quienes no queremos sentirnos mal somos nosotros. Por tanto estamos dando la moneda al indigente para sentirnos bien nosotros. Y aunque del verdadero motivo o trasfondo de la acción no seamos conscientes, nuestro subconsciente si se percata de ello y se convierte en el verdadero responsable del acto. En este tipo de acción se produce un hecho que no se da en las acciones totalmente egoístas y es el de hacer que mediante nuestra acción otro u otros se beneficien, aunque no sea el principal motivo que nos condujo a la acción. 

Por lo tanto………
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