Archivos para diciembre, 2014

Publicado: diciembre 27, 2014 en Uncategorized

Hay momentos en la vida en los que uno se ve obligado a elegir. El raciocinio grita, martilleándote la cabeza, y tu parte más visceral te susurra al oído mil fantasías imposibles.

Ocasiones en las que el amor propio y la dignidad pasan a ser los tesoros más preciados que podrás obtener en toda tu existencia y, tras aprender con duras caídas, te percatas de que hay una valoración que nada ni nadie logrará nunca ver. Sólo somos personas, entes, un simposio de sentimientos, recuerdos, anhelos y sueños. No se puede dar un valor añadido por momentos o situaciones a nadie. Nunca podrás minusvalorarte en el mercado de la sociedad porque con el paso del tiempo no haces sino mejorar tu mismo al tiempo que ese envoltorio vacuo y vacío se aja con el transcurso de los días.

Los avatares del destino nos marcan el camino. Aunque en ocasiones no nos guste o nos parezca dañino. El sino es sabio y sabe cual es nuestro sitio.

Yo tengo muy claro cual es el mío y estoy segura de mi misma y de mi posición. Habrá hechos que duelan, que dejen mil cicatrices en la piel y cien mil heridas invisibles dentro de mí; pero yo sé quién soy y, aunque no sepa que quiero ser sí tengo muy claro en que no quiero convertirme nunca.

Tendré mil defectos pero son míos, al fin y al cabo. Y yo misma me encargaré de pulirme, por esta rambla de cantos de la vida, limando esquinas hasta lograr ser la más suave y redondeada piedra que fluirá lentamente con la corriente.

A lo mejor es cierto y desasirse de todo, por mucho que duela, es la única manera de alcanzar el equilibrio y lo más parecido a la felicidad.

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¿Cómo puede ser?

Publicado: diciembre 17, 2014 en Uncategorized

Se preguntaba lo mismo una y otra vez mientras esa sensación incipiente tan conocida empezaba a embargarle el estomago, amenazando con hacer sucumbir asimismo el resto de su cuerpo.

Bamboleada por ese oleaje de mil dudas y cien mil miedos que nunca cesan de acosarla, se debate entre la acción o la ausencia de la misma; entre ese tormentoso amanecer o la tranquila pero amenazante puesta de sol.

Aun sabiendo con certeza el resultado, se permite tener cierta esperanza en que el calor del sol no se sentirá helador sobre su piel sino tibio y dulce, como esa caricia no pedida en el momento más oportuno, en el debacle de esa batalla sin sentido que nunca tendrá vencedores, únicamente vencidos y caídos.

No se permite pesares ni tampoco culpas. No le consuela la autocompasión, no le importa la misericordia ni la ferocidad en el combate. Sabe con total seguridad que esas virtudes no sirven para frenar esa “nada” que le invade, que va ganando cada centímetro del tablero de su ser con paciencia y constancia. No servirá de nada soportar estoicamente el asedio.

Tampoco encuentra serenidad en la rendición, el vacío no termina de conquistarle sí se postra de rodillas, con la vista clavada en el húmedo suelo y el cuello sumiso para la pena capital. No acepta las derrotas ni las victorias sin gloria que otorga un enemigo que no lucha.

En esta vorágine inmunda, de lágrimas no derramadas y palabras ahogadas en la punta de la lengua…

“¿Cómo puede ser?”

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