Archivos para noviembre, 2012

Eternamente complicado

Publicado: noviembre 30, 2012 en Uncategorized

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A veces es complicado.

Es difícil entenderte cuando estoy obnubilada en intentar que me entiendas.

Pides cercanía cuando no me dejas dar ni un solo paso hacia ti.

Parece que estás ahí, protegiendo tu sitio, y cavando zanjas alrededor de tu plaza fuerte cual foso de un castillo. Y a mí no me queda más remedio que alejarme o caer.

Me sorprendo aun más cuando parece que pretendes que sea yo quien cave el foso, que sea yo quien marque las distancias cuando yo lo único que quiero es poder llegar a ti y quedarme a tu lado.

Pero sigues ahí, inexpugnable, impertérrito al paso del tiempo.

Siempre es complicado.

En ocasiones pienso que se te acabo el amor, que a lo largo de tus experiencias pasadas ya lo gastaste y para mí no tienes siquiera migajas de lo que se supone que debería ser mío.

Entonces caigo en la contradicción de salir corriendo por patas, como me indica la cabeza o intentar agotar todas mis posibilidades, como marca el corazón.

Y según pasan los segundos se me agota la paciencia, la vida y el tiempo… me agoto hasta a mi misma esforzándome en mantener a flote un barco que me parece que hace ya mucho tiempo que tu hundiste y al cual no dedicas si quiera un pensamiento melancólico.

Nunca es sencillo, eso está claro.

Eso es lo que me hace pararme a pensar…

Es que debería ser sencillo. Debería fluir todo sin esfuerzo alguno con naturalidad y tranquilidad.

Eso es lo que me hace dudar todas las mañanas cuando me levanto de la cama…
Eso es lo que me hace tener miedo todas las noches cuando cierro los ojos…

 

Volando

Publicado: noviembre 29, 2012 en Uncategorized

Vuelan los pensamientos, casi a la misma velocidad que los dedos sobre las teclas blancas y negras. A una velocidad espeluznante, tan rápido que apenas me da tiempo de verlos, de analizarlos, de (re)pensarlos.

Pero no pasa nada. Corro, corro y corro sobre el mapa blanco y negro como si mis manos fueran mis piernas y yo intentara huir con una velocidad mayor que la de la luz. Rebotan los sonidos en mi cabeza, una y otra vez, intentando mandar un mensaje lejano y a la vez tan cercano que ninguno de los dos destinatarios llega a escucharlo.

Calma, como si estuviera suspendida en el infinito, viéndome desde tan arriba que apenas soy capaz de fijarme en la persona que está sentada en ese taburete. Podría ser yo misma. O tal vez no. Podría estar escuchando ecos lejanos del tiempo en vez de ese concierto privado con el que me torturo los oídos.

Enervada, tensa sobre el asiento, intentando enfrentarme a los fantasmas que me arrullan desde los más oscuros rincones de mi psique. Me gritan, me cantan, me susurran al oído todas aquellas palabras que nunca escuche, todas aquellas frases que nunca dije…

Y a mi no me importa, yo sigo corriendo rauda sobre las teclas como si fuera a llegar a algún sitio, sintiendo como se me cortan los dedos, como se me clavan esas notas cual puñales afilados en mi pecho.

Sigo, sigo intentando acariciar las teclas, creyendo que las manejo, que suenan a mi capricho cuando probablemente la poseída por la melodía de esas teclas sea yo misma

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Cuando…

Publicado: noviembre 28, 2012 en Uncategorized

Cuando los silencios cómplices se vuelven secos e incómodos…

Cuando las decepciones dejan de ser meras excepciones…

Cuando las necesidades encubiertas se vuelve exigencias…

Cuando ya no veo más camino solo maleza en la que perderme…

Cuando tu sombra no me deja ver la luz del sol…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando todo eso deje de importarme, huiré buscando rayos de luz.
Y entonces todo se habrá acabado.

El inicio

Publicado: noviembre 27, 2012 en Uncategorized
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Dicen que cuando llegas a uno de esos puntos de no retorno no hay mucha opción posible. Hay quien piensa que nunca hay opción sino seguir un destino ya trazado de antemano.  No lo sé. No quiero creer que eso pueda ser verdad, no quiero pensar que no hay poder de decisión en mi vida. No puedo creer que este predestinada y abocada al fracaso.

 Ahora que he vuelto a hundirme en la miseria, ahora que he vuelto a mi sitio. Ahora que  no me queda más tarea que borrar los recuerdos que no me enseñan nada sino que acicatean mi dolor.

No tengo más remedio que atragantarme con el orgullo que tanto me costo lograr de mi misma y me miro al espejo, oteando en las profundidades del reflejo, sin ver nada.

Ahora me pregunto por qué he tardado tanto en comprender que no tenía derecho a sentir así, que no tenía derecho a disfrutar lo vivido, que no podía pretender mantenerme tan alto volando cuando mis alas estaban hechas de papel aunque yo pensase que hay costuras que nada ni nadie consigue reventar .

Que no hay culpable más allá de mi misma por haber sido altanera como Ícaro y haber querido rozar con los dedos nubes que nunca fueron mías porque nunca habían sido para mi.

Y ahora, después de haber conocido lo superior, lo inimaginable, lo perfecto… ¿Cómo voy a poder volver a arrastrarme por el barro del que nunca debería haber levantado la vista siquiera?

No hay consuelo que calme la incesante desesperación que me ahoga sin dejarme descansar ni un segundo.

Y voy buscando, haciendo lo único que algún día supe hacer con correcta mediocridad, la manera de expulsar de mi cuerpo los sentimientos a través de las palabras vanas, que nada valen y nada cuestan, intentando sanarme. Como si fuera a poder hacerlo…